Buscar

Queridos compañerxs, amigxs, hermanxs y hermanas:
El próximo Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, será mi último día como secretario general de UVW. Después de 13 años, ha sido un honor para mí liderar este sindicato.
Dejar el puesto es la decisión correcta para mí. Sin embargo, no es una decisión fácil. UVW nunca ha sido sólo un lugar donde trabajo; es un sindicato que co-fundé, una comunidad a la que pertenezco y un proyecto político al que he dedicado mi vida.
Antes de mirar hacia el futuro, recordemos de dónde venimos y lo que hemos construido juntos, a menudo contra todo pronóstico.
La mesa de la cocina de mi madre
Empezamos siendo un pequeño grupo: yo, Vera Weghmann, Albeiro Ortiz y un par de limpiadores latinoamericanos más, reunidos alrededor de la mesa de la cocina de mi madre. Esa fue nuestra primera «sede». No teníamos nada. Ni recursos. Ni hoja de ruta. Ni un gran plan. Sólo una ira justificada y una idea audaz.
La ira estaba dirigida contra un sistema que se beneficia de la pobreza y la precariedad, y se alimenta del miedo y el aislamiento. La idea era maravillosamente simple: si los trabajadores migrantes, precarios y mal remunerados pudieran encontrarse y emprender acciones colectivas, podrían sustituir el miedo por la confianza, el aislamiento por la solidaridad y la precariedad por el poder.
Esa ira, esa idea, mezclada con amor, audacia y más que un poco de locura, se convirtió en United Voices of the World (Voces Unidas del Mundo).
Desde aquella mesa de cocina, UVW ha pasado a representar a más de 12 000 trabajadores de más de 100 países y de casi todos los sectores de la economía, con 2000 nuevas afiliaciones cada año. A través de acciones sindicales sostenidas y litigios estratégicos, hemos desafiado algunas de las desigualdades estructurales más profundas de este país. Y hemos construido todo esto sólo con nuestras pequeñas cuotas de afiliación, protegiendo nuestra libertad e independencia.
Esa transformación, de una mesa de cocina a una fuerza nacional de poder de la clase trabajadora, os pertenece a todxs ustedes.
Contra todo pronóstico
Nada de esto nos fue regalado. No fue fácil y, desde luego, no era inevitable. También exigió sacrificios y supuso un gran esfuerzo para muchxs de nosotrxs. Y todo ello sucedió durante una de las épocas más hostiles para los sindicatos en el plazo de una generación: las leyes antisindicales se endurecieron, la afiliación sindical en el sector privado cayó a un mínimo histórico inferior al 12 % y nuevos sindicatos desaparecieron uno tras otro.
De los cinco sindicatos que nacieron el mismo año que UVW, sólo otro sigue existiendo. De los 16 que se fundaron en nuestros primeros seis años, la mitad han desaparecido. Sin embargo, mientras otros cerraban sus puertas, nosotrxs hicimos más que sobrevivir: luchamos, ganamos y crecimos.
Por qué construimos algo nuevo
La gente solía preguntarnos por qué nos molestábamos en crear un nuevo sindicato cuando ya existían tantos. La respuesta es clara. Demasiadas puertas de los sindicatos establecidos estaban cerradas para las personas que más los necesitaban: el ejército invisible que mantiene este país en funcionamiento, las mismas personas por las que se creó UVW y para las que se creó. Una y otra vez, se les descartaba por estar «demasiado dispersos», ser «demasiado difíciles de organizar», «poco estratégicos» o «no merecedores del esfuerzo». Nosotrxs creíamos lo contrario. Y nos dijeron que sin grandes recursos no podríamos ganar. Demostramos que se equivocaban en ambos aspectos.
Llevando la lucha a los jefes
Nuestra misión fundacional fue simple y sin disculpas: “luchar contra los jefes en las calles y en los tribunales”. Y eso fue exactamente lo que hicimos, porque durante demasiado tiempo los jefes en ciertos sectores se habían acostumbrado a actuar con impunidad. La acción colectiva organizada cambió eso.
Sabíamos que, para ganar sin el poder estructural ni los recursos tradicionales, tendríamos que compensarlo con otra cosa: solidaridad inquebrantable, creatividad, acción directa y una persistencia incansable. Y sin personal remunerado, en apenas 18 meses estábamos paralizando Oxford Street y Knightsbridge, bloqueando las tiendas insignia de marcas globales que habían mal pagado y maltratado a nuestros/as miembrxs. En menos de tres años, todavía con recursos mínimos y más impulsados por la convicción que por el dinero, llevamos a cabo la huelga de limpiadores más larga en la historia británica: 61 días consecutivos. Al año siguiente llegó la que entonces fue la mayor huelga de limpiadores jamás realizada y la primera que logró acabar con la externalización en la educación superior, en la la universidad LSE. Esa victoria provocó un efecto dominó en las universidades de Londres.
Siguieron más avances históricos: la primera huelga que puso fin a la externalización en el NHS (Seguridad Social), en el Hospital St Mary’s, y poco después una victoria decisiva contra la externalización en el Great Ormond Street Hospital for Children.
Organizando a gran escala
Prueba de nuestro compromiso inquebrantable con nuestra misión es esta: hasta la fecha hemos llevado más de 125 conflictos laborales. Eso es casi uno al mes, cada mes, año tras año, en todos los rincones de la economía. Desde el comercio minorista hasta la atención social, desde la salud hasta la hostelería, desde el sector benéfico hasta el gobierno, en Londres, Birmingham, Brighton y más allá. Como David contra Goliat, nos enfrentamos a gigantes corporativos, universidades de élite, instituciones culturales y organismos públicos. Y ganamos.
Ganamos porque lxs miembrxs estuvieron dispuestos/as a ir a la huelga, porque las comunidades se movilizaron a su lado y porque simpatizantes permanecieron bajo la lluvia al amanecer en los piquetes, negándose a dejarles solxs.
Alrededor de dos tercios de nuestros conflictos han supuesto votaciones de huelga. Más de un tercio desembocaron en huelgas. Casi la mitad incluyeron algún tipo de acción directa. No era militancia por sí misma; era una necesidad. El único lenguaje que entienden lxs empleadores explotadores es la acción colectiva organizada. Y cuando lxs trabajadores/as se niegan a ser invisibles y actúan juntos, con confianza y persistencia, lxs jefes se ven obligados a ceder.
El historial de UVW liderando a sus miembrxs en la acción no tiene comparación. Entre los 89 sindicatos del Reino Unido con 15.000 afiliadxs o menos, hemos encabezado más conflictos, realizado más votaciones y llevado a cabo más huelgas que cualquier otro, convocando votaciones en casi el doble de centros de trabajo que el siguiente sindicato más activo. Incluso entre todos los sindicatos con menos de 100.000 afiliadxs —que representan el 90% de todo el movimiento— sólo los sindicatos de transporte RMT y ASLEF han organizado votaciones en más grupos que nosotrxs.
Hoy nos situamos junto a los sindicatos más consolidados del país, y nuestro impulso no muestra señales de desaceleración. En los últimos años, nuestro pequeño sindicato insurgente ha liderado algunos de sus conflictos más grandes, largos y ambiciosos: organizando la primera huelga de trabajadores de restaurantes y limpiadores en Harrods; liderando la primera huelga coordinada de guardias de seguridad en el Science Museum, el V&A y el Natural History Museum; movilizando a 400 trabajadores en acciones de huelga coordinadas en Londres sólo en el último año; y, hace apenas unos meses, apoyando a trabajadores hoteleros en la primera huelga en su sector en Inglaterra desde 1979.
Así es como se ve estar del lado de lxs trabajadores no sólo con palabras, sino con hechos: transformando el coraje en organización y la indignación en estrategia.
Represión y resistencia
A medida que se acumulaban nuestras victorias, lxs empleadores se sintieron lo suficientemente inquietos como para solicitar medidas cautelares con el fin de intentar frenarnos y silenciarnos. En una ocasión, tan nerviosos estaban por la resistencia contagiosa y alegre de UVW, que acudieron a los tribunales para intentar prohibirnos bailar a menos de 200 metros del lugar de trabajo durante una huelga.
Eso era a lo que nos enfrentábamos: no sólo bajos salarios y explotación, sino un profundo temor a trabajadores que se negaban a ser intimidados; trabajadores que cantaban, que bailaban, que convertían la protesta en poder y la solidaridad en celebración.
También nos enfrentamos regularmente a una actuación policial dura y desproporcionada, y varios de nosotrxs fuimos arrestadxs, yo incluido en más de una ocasión. Sin embargo, no se presentó ni un solo cargo. Quedó claro que se trataba simplemente de un intento de intimidar a trabajadores que se atrevían a organizarse.
La cola que mueve al perro
Nuestro historial ha atraído la atención de medios internacionales y se ha convertido en objeto de estudios académicos y documentales. Se nos ha descrito como “la cola que mueve al perro”, un pequeño sindicato que establece precedentes y empuja a los más grandes a ponerse al día.
Esa fue siempre la ambición. No ser el más grande, sino demostrar lo que era posible. Probar que trabajadores considerados “inorganizables” no sólo podían luchar, sino ganar y, al hacerlo, elevar el estándar para todxs.
Ayudamos a cambiar la narrativa sobre quién puede organizarse, quién puede hacer huelga y quién merece dignidad en el trabajo. De eso todxs podemos sentirnos orgullosxs.
Luchando en todos los frentes
También me llena de orgullo que hayamos impulsado casos legales innovadores que llegaron hasta la puerta del Tribunal Supremo, cuestionando la externalización en su raíz y enfrentando sistemas laborales segregados y de dos niveles con marcadas desigualdades raciales. Destapamos listas negras y falsos autónomos, y pusimos a prueba leyes que protegen a lxs empleadores de rendir cuentas.
Utilizamos la ley de forma estratégica, entendiendo siempre que la acción legal es una herramienta, nunca un sustituto de la acción colectiva de lxs trabajadores.
Más allá del lugar de trabajo
Nuestra política siempre ha sido estrictamente independiente de partidos políticos y donantes. Nuestra solidaridad nunca se ha limitado al centro de trabajo. Siempre hemos entendido que la lucha de la clase trabajadora es internacional.
Desde enfrentar a la extrema derecha hasta defender a miembrxs frente a propietarixs explotadores, pasando por la solidaridad internacional con trabajadores y pueblos oprimidos en Colombia, Filipinas y Palestina, hemos estado hombro con hombro con movimientos por la justicia en todo el mundo, junto a sindicatos de distintos países.
Liderazgo desde abajo
Nada habla más claramente de nuestros valores que esto: UVW siempre ha sido moldeado y liderado por quienes con demasiada frecuencia son excluidxs de posiciones de poder: mujeres, migrantes y refugiados. Su visión y dedicación han definido este sindicato. No sólo han liderado a trabajadores en la lucha, sino que hoy constituyen la gran mayoría de nuestro personal y de nuestro Comité Ejecutivo, y la totalidad del nuevo Equipo de Dirección.
No es casualidad. Su visión, su determinación y su creatividad están, y estarán siempre, en el corazón de todo lo que hacemos.
Mi sucesxr
Dejar el puesto no significa alejarme. UVW está en mi ADN y sigo tan comprometido como siempre con su misión y su futuro. Y ese futuro es brillante porque no depende de una sola persona, sino de miles.
Lo que me lleva a mi sucesxr, Nelly Ospino, quien, como habrán visto, fue elegide sin oposición, ya que elle era la única persona candidata.
Tengo plena confianza en Nelly. Elle encarna todo lo que UVW representa. En las marchas, en el Comité Ejecutivo y como asistente social, ha demostrado a lo largo de muchos años que entiende este sindicato: qué es, para quién es y por qué es importante.
También hará historia al convertirse en la primera persona afrocolombiana en ocupar la Secretaría General en el Reino Unido.
Bajo su liderazgo, estoy seguro de que UVW no sólo defenderá lo que hemos construido, sino que irá más allá, abriendo nuevos frentes, organizando a nuevos trabajadores/as y logrando victorias que aún no podemos imaginar.
Gracias
Estar hombro con hombro con tantos de ustedes, ya sea en piquetes, en tribunales, en negociaciones o en las calles, ha significado para mí más de lo que puedo expresar con palabras. Son las personas más valientes, decididas e inspiradoras que he conocido y que probablemente conoceré jamás. He aprendido mucho más de ustedes de lo que yo podría aportarles. Por eso, les estoy inmensamente agradecido.
Las victorias se forjan en la lucha y cada una de ellas os pertenece: miembrxs, representantes, organizadores, personal, simpatizantes. Mi papel se limitó a mantener el barco a flote en aguas turbulentas e insistir en que podíamos navegar más lejos de lo que nadie creía posible.
Gracias por confiarme esa responsabilidad y por su coraje, amistad y solidaridad.
Gracias por el inmenso honor de haber sido su secretario general.
Lo mejor está aún por llegar.
Con amor y solidaridad inquebrantables, ahora y siempre.
Petros Elia